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Après Enlèvement explora las profecías bíblicas, el Arrebatamiento de la Iglesia, el fin de los tiempos y la fe cristiana.
Descubra lo que la Biblia enseña sobre el regreso de
Jesucristo y cómo prepararse para ello.
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🌍 FIN DE LOS TIEMPOS
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Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: «Sube acá, y Yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas».
2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y Uno sentado sobre el trono.
En este pasaje, Juan recibe una visión celestial en la que una puerta se abre en el cielo. Una voz semejante a una trompeta lo invita a subir y a contemplar las cosas que deben suceder después. Esta escena marca el comienzo de una nueva sección de Apocalipsis, en la que Juan recibe la revelación de los acontecimientos futuros desde la perspectiva del cielo.
Cuando Juan está «en el Espíritu», ve un trono en el cielo y a Dios sentado sobre él. El trono representa la autoridad suprema de Dios sobre toda la creación. Antes de que comiencen los juicios de Apocalipsis, Juan es llevado ante el trono de Dios para mostrar que todos los acontecimientos futuros permanecen bajo Su control.
Esta visión prepara la escena para los capítulos siguientes, donde Juan verá el libro sellado que está en la mano de Dios y a Jesús, el Cordero de Dios, reconocido como el único digno de abrirlo. Revela que los juicios que vendrán no son fruto del azar, sino que forman parte del plan soberano de Dios.
Apocalipsis 4:2-6
2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y Uno sentado sobre el trono.
3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de sardio; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a una esmeralda.
4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
5 Y del trono salían relámpagos, truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete Espíritus de Dios.
6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
En este pasaje, Juan describe la majestad del trono de Dios en el cielo. Ve a Aquel que está sentado sobre el trono, rodeado de una gloria indescriptible, representada mediante la apariencia del jaspe, del sardio y de un arco iris semejante a una esmeralda. Estas imágenes destacan la santidad, la pureza y el esplendor de Dios.
Alrededor del trono hay veinticuatro ancianos sentados en tronos y llevando coronas de oro. Representan a la Iglesia glorificada en el cielo, formada por quienes pertenecen a Jesús. Sus vestiduras blancas y sus coronas simbolizan la victoria, la justicia y las recompensas que Dios concede a los Suyos.
Los relámpagos, las voces y los truenos que salen del trono revelan el poder y la majestad de Dios. Las siete lámparas encendidas, identificadas como los siete Espíritus de Dios, representan la plenitud de la obra del Espíritu Santo.
El mar de vidrio semejante al cristal y los cuatro seres vivientes que rodean el trono completan esta visión de la sala del trono celestial. Esta escena muestra que Dios reina con autoridad absoluta antes de que se desarrollen los juicios revelados en el libro de Apocalipsis.
4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
5 Y del trono salían relámpagos, truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete Espíritus de Dios.
6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.
8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas alrededor, y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesan día y noche de decir: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir».
En este pasaje, Juan continúa describiendo la sala del trono celestial. Alrededor del trono de Dios hay veinticuatro ancianos sentados en tronos, vestidos de blanco y con coronas de oro. Sus vestiduras y coronas simbolizan la victoria, el honor y la dignidad que Dios concede a los Suyos.
Delante del trono están las siete lámparas encendidas, que representan los siete Espíritus de Dios, así como un mar de vidrio semejante al cristal, que refleja la pureza y la majestad de la presencia de Dios.
Juan también ve cuatro seres vivientes alrededor del trono. Sus apariencias —semejantes a un león, un becerro, un hombre y un águila volando— muestran diferentes aspectos de la creación y su función en la adoración de Dios. Sus numerosos ojos simbolizan su constante vigilancia y percepción.
Estos seres vivientes adoran continuamente a Dios y proclaman Su santidad y Su poder: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso». Esta escena revela que Dios es eternamente digno de adoración y que reina con autoridad absoluta antes de que se desarrollen los acontecimientos proféticos de Apocalipsis.
1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y Yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.
2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y Uno sentado sobre el trono.
3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de sardio; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a una esmeralda.
4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
5 Y del trono salían relámpagos, truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete Espíritus de Dios.
6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.
8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas alrededor, y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesan día y noche de decir: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir».
9 Y cuando aquellos seres vivientes dan gloria, honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
11 «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas».
En este capítulo, Juan recibe una visión del cielo después de ser invitado a subir por una voz semejante a una trompeta. Esta escena marca el comienzo de la sección profética de Apocalipsis, en la que Dios revela a Juan los acontecimientos que deben suceder.
Juan ve el trono de Dios en el cielo, rodeado de una gloria incomparable. Los relámpagos, truenos y voces que salen del trono revelan el poder, la majestad y la autoridad absoluta de Dios. Las siete lámparas de fuego representan los siete Espíritus de Dios, simbolizando la plenitud de la obra del Espíritu Santo.
Alrededor del trono hay veinticuatro ancianos sentados en tronos, vestidos de blanco y con coronas de oro. Representan a la Iglesia glorificada en el cielo, formada por quienes pertenecen a Jesús y han recibido la victoria y las recompensas prometidas. Sus vestiduras blancas simbolizan la justicia recibida de Dios, y sus coronas representan las recompensas concedidas a los miembros de la Iglesia. Su presencia en el cielo antes de la apertura de los sellos indica que la Iglesia ya está con Dios antes de que comiencen los juicios de la Tribulación.
Los cuatro seres vivientes que rodean el trono muestran la grandeza de la creación de Dios y dirigen la adoración celestial. Sus apariencias, semejantes a un león, un becerro, un hombre y un águila volando, representan poder, fuerza, inteligencia y rapidez. Continuamente proclaman la santidad de Dios: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso».
Cuando estos seres vivientes dan gloria, honra y acción de gracias a Dios, los veinticuatro ancianos se postran delante de Su trono, le adoran y arrojan sus coronas delante de Él. Su adoración reconoce que toda gloria, honra y poder pertenecen a Dios, porque Él es el Creador de todas las cosas.
Esta visión muestra que Dios reina soberanamente sobre todo lo creado. Antes de que comiencen los juicios de Apocalipsis, el cielo ya reconoce Su santidad, Su autoridad y Su dignidad. Este capítulo prepara la escena para lo que sigue: Jesús, el Cordero de Dios, será revelado como el único digno de abrir el libro sellado con siete sellos y llevar a cabo el plan de Dios hasta su cumplimiento final.