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Après Enlèvement explora las profecías bíblicas, el Arrebatamiento de la Iglesia, el fin de los tiempos y la fe cristiana.
Descubra lo que la Biblia enseña sobre el regreso de
Jesucristo y cómo prepararse para ello.
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🌍 FIN DE LOS TIEMPOS
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« Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía. »
En este versículo, Juan describe el comienzo del estado eterno, después del Juicio del Gran Trono Blanco y del juicio final del mal. Dios crea un cielo nuevo y una tierra nueva, reemplazando la creación anterior que había sido afectada por el pecado, el sufrimiento y la muerte.
Esta nueva creación es completamente renovada y perfectamente pura. La declaración «el mar ya no existía» enfatiza que el antiguo orden ha desaparecido por completo. Todo lo relacionado con el mundo caído ha sido eliminado, dando paso a una creación donde la presencia de Dios lo llena todo.
Este versículo marca el comienzo de la eternidad para todos los redimidos. El Nuevo Cielo y la Nueva Tierra serán el hogar eterno de aquellos que pertenecen a Jesucristo, donde vivirán para siempre en perfecta paz, gozo y comunión con Dios.
«Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.»
En este versículo, Juan contempla la Nueva Jerusalén descendiendo del cielo, enviada por Dios. Esta ciudad santa formará parte de la morada eterna de quienes pertenecen a Dios en el cielo nuevo y la tierra nueva. Después del juicio ante el Gran Trono Blanco, Dios habrá establecido definitivamente la nueva creación y comenzará el estado eterno.
La comparación con una esposa preparada y adornada para su marido destaca la belleza, pureza y perfección de la Nueva Jerusalén. La ciudad aparece completamente preparada por Dios y refleja la gloria de Su presencia. Su esplendor expresa la culminación de todo lo que Dios ha prometido para quienes le pertenecen.
Este acontecimiento pertenece al estado eterno, después del Reino Milenial, de la última rebelión de Satanás y del juicio ante el Gran Trono Blanco. Ya no habrá lugar para el pecado, la muerte ni ninguna forma de corrupción en la nueva creación.
La Nueva Jerusalén representa así la culminación del plan de Dios para Su pueblo. Dios morará eternamente con los redimidos, y ellos disfrutarán para siempre de Su presencia en una creación completamente renovada.
Este versículo anuncia el cumplimiento definitivo de la promesa de Dios de habitar con Su pueblo para siempre. La Nueva Jerusalén será parte de esa realidad eterna, donde quienes pertenecen a Dios vivirán en Su presencia junto a Jesús, en una creación perfecta que nunca volverá a ser afectada por el pecado, la muerte o el sufrimiento.
«Y oí una gran voz del cielo que decía: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios.”»
En este versículo, Juan escucha una gran proclamación que anuncia el cumplimiento definitivo del propósito de Dios: morar eternamente con Su pueblo. Después de la creación del cielo nuevo y de la tierra nueva, la presencia de Dios estará plenamente establecida entre todos aquellos que le pertenecen.
La expresión «el tabernáculo de Dios con los hombres» recuerda el deseo de Dios de habitar en medio de Su pueblo. En el estado eterno, Su presencia ya no estará limitada por el pecado ni habrá separación entre Dios y los redimidos. Ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Este acontecimiento pertenece al estado eterno, después del Reino Milenial, de la última rebelión de Satanás y del juicio ante el Gran Trono Blanco. Todo lo relacionado con el pecado y sus consecuencias habrá desaparecido, y la comunión entre Dios y Su pueblo será perfecta y permanente.
Este versículo revela que la esperanza suprema de quienes pertenecen a Jesús no es solamente vivir en un lugar perfecto, sino estar eternamente en la presencia de Dios. La Nueva Jerusalén y la nueva creación serán gloriosas, pero su mayor bendición será la presencia misma de Dios.
La promesa alcanza así su cumplimiento definitivo: Dios morará con Su pueblo para siempre. No habrá más separación, pecado, muerte ni sufrimiento. Su presencia traerá una comunión perfecta, una alegría eterna y una paz que nunca tendrá fin.
«Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.»
En este versículo, Juan describe la realidad gloriosa de la vida eterna en el cielo nuevo y la tierra nueva. Después de que el pecado y todas sus consecuencias hayan sido eliminados para siempre, Dios pondrá fin definitivamente a todo sufrimiento.
Ya no habrá muerte, llanto, clamor ni dolor. Todo lo que pertenecía al mundo caído habrá pasado para siempre. La muerte ya no existirá y ninguna forma de sufrimiento podrá volver a entrar en la nueva creación. Quienes pertenecen a Dios vivirán en una creación perfectamente renovada, donde nada volverá a perturbar su paz ni su alegría.
La expresión «Dios enjugará toda lágrima» revela aussi la tendresse personnelle de Dieu envers Son peuple. Les souffrances, les pertes et les douleurs de l’histoire humaine auront définitivement pris fin. Dieu Lui-même apportera la consolation parfaite à ceux qui seront avec Lui pour l’éternité.
Cet événement appartient à l’état éternel, après le Royaume Millénaire, la rébellion finale de Satan et le jugement devant le Grand Trône Blanc. Contrairement au Millénaire, qui durera mille ans, cette condition sera éternelle et ne sera jamais interrompue par le péché ou la mort.
Ce versículo révèle ainsi la esperanza gloriosa promise a todos los que pertenecen a Jesús. Vivirán para siempre en la presencia de Dios, en una creación perfectamente renovada, disfrutando de una alegría completa, una paz eterna y una comunión ininterrumpida con Él.